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¿SE PUEDE COMER LO QUE QUEDÓ EN LA OFRENDA? LA SEGURIDAD DEPENDE DEL ALIMENTO Y SU CONSERVACIÓN

Zona Política
hace 1 hora
2 min de lectura

Después de colocar la ofrenda por el Día de Muertos, muchas familias se preguntan qué hacer con los alimentos que permanecieron en el altar. La respuesta no es igual para todos los productos: algunas frutas, dulces y panes pueden aprovecharse si están en buenas condiciones, pero los guisados que pasaron varias horas sin refrigeración representan un riesgo para la salud.


La Universidad Nacional Autónoma de México señala que las frutas enteras con cáscara y las calaveritas de azúcar, chocolate o amaranto pueden consumirse si estuvieron protegidas del polvo y de otros contaminantes. El pan de muerto también puede recuperarse cuando no presenta moho, humedad anormal ni señales de deterioro. Si perdió frescura, puede utilizarse en preparaciones como budines, siempre que se conserve en condiciones adecuadas.


El mayor cuidado debe tenerse con alimentos preparados como mole con pollo, tamales, arroz, caldos, carnes y productos que contienen leche. Las autoridades sanitarias recomiendan no mantener alimentos cocidos perecederos a temperatura ambiente durante más de dos horas. Después de ese lapso pueden multiplicarse microorganismos que provocan enfermedades gastrointestinales.


El riesgo no siempre se detecta a simple vista. Un alimento contaminado puede conservar su olor y apariencia, por lo que probarlo o recalentarlo no garantiza que sea seguro. Si un guisado permaneció toda la noche o varios días sobre el altar, lo más prudente es desecharlo.


La tradición de la ofrenda tiene un significado cultural y espiritual. En distintas comunidades se considera que los difuntos regresan para disfrutar de la esencia y el aroma de los alimentos que se colocan en su honor. Algunas familias acostumbran compartir la comida al retirar el altar; otras prefieren no consumirla, de acuerdo con sus creencias.


Para evitar desperdicios, especialistas recomiendan colocar porciones simbólicas de los platillos y reservar en refrigeración los alimentos que sí se consumirán. De esta manera, las familias pueden conservar la tradición sin poner en riesgo su salud: aprovechar frutas, dulces y pan que sigan en buenas condiciones, pero evitar los alimentos perecederos que estuvieron demasiado tiempo fuera del refrigerador.

 
 
 

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