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O TE VAS O TE AGUANTAS ASÍ LAS COSAS EN EL TRIÁNGULO DORADO

Foto del escritor: Juanita Medellín Barbosa
Juanita Medellín Barbosa
10 dic 2024
2 min de lectura

Un día después del inicio de los enfrentamientos, un mensaje anónimo por redes sociales y medios de comunicación. La carta que circuló describe un estado de sitio, con cuerpos tirados que no podían ir a recoger y “alrededor de 300 personas que solicitan apoyo para retirarse del lugar”.


La población se sintió acorralada y pidió ayuda para huir del fuego cruzado.

Al día siguiente, el Estado mexicano desplegó su mecanismo de seguridad: llegaron las Bases de Operación Interinstitucional (BOI), compuestas por el ejército, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado y la Agencia Estatal de Investigación.


A los pocos días después del inicio de los enfrentamientos, algunas familias se la jugaron. Hubo quienes huyeron a otros poblados cercanos, como Baborigame, con el riesgo de ser vistos o detenidos por uno de los dos grupos armados en el camino. También hubo quienes, a pie, atravesaron el monte para no ser vistos. Las cabecillas del grupo armado local también huyeron junto con sus familias.


La guerra entre dos grupos de poder, con capacidad para pagar a hombres y niños para dispararse unos a otros por el control del territorio, estableció fronteras entre poblados y caminos vigilados por “punteros”, niños u hombres jóvenes que por radio avisan quién pasa y para dónde va. El grupo que pretende entrar, llamado “los otros” y que aparentemente es parte del Nuevo Cártel de Juárez o La Línea, le disputa el territorio al grupo “local”, fiel al fragmentado Cártel de Sinaloa. De acuerdo con los testimonios locales, este nuevo grupo llegó en alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación.


La población corre el riesgo de ser identificada como afín a uno u otro grupo simplemente por ser del lugar de donde es, o incluso de ser reclutada a la fuerza para participar en la disputa territorial. Tanto quedarse como salir del pueblo tiene sus consecuencias


La guerra no comenzó en agosto. Guadalupe y Calvo es parte del famoso “Triángulo Dorado”, una región fértil y de difícil acceso donde se forjaron los primeros famosos capos de la marihuana y la amapola. La jugosa economía del narcotráfico ha sido codiciada desde entonces por grupos de poder locales –familias y caciques serranas– así como foráneos, que también han incursionado en industrias legales como la tala o la minería. Este entramado de intereses y armas de la región desde hace décadas ha obligado a sus habitantes a abandonar su hogar hacia otros poblados o ciudades donde pudieran correr menos peligro y no sean obligados a unirse a uno u otro grupo armado.


Pero la guerra se recrudeció de nuevo este año con la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en Nuevo México y el reacomodo de lealtades que le siguió en las estructuras criminales. Otros eventos eventos también desataron reajustes territoriales, como cuando el grupo de “Los Salgueiro” derribó una avioneta con miembros de la familia de “Los Arellanes” en 2020. O quizás la disputa en realidad son muchas disputas por el territorio, sin un inicio concreto o un fin en el horizonte próximo, tanto en Guadalupe y Calvo como en el resto de Chihuahua y en el país.

 
 
 

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