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NI LOS MILES DE MILLONES DE BECAS FRENAN LA DELINCUENCIA, MENOS LOS ABRAZOS

Foto del escritor: Juanita Medellín Barbosa
Juanita Medellín Barbosa
25 jul 2023
6 min de lectura

Mi carnal se quiso pasar de verga vendiendo cristal para la ranfla de los contras, Los Aztecas. Y pues, ya sabes: con el cártel no se juega. Un día llegaron unos morros de la mafia y nos levantaron. A mí solo me dieron una madriza, pero me obligaron a ver cómo descuartizaban a mi hermano.

Erick, 25 años, moreno, alto, delgado y con el pelo pintado de un llamativo rubio platino que contrasta con sus espesas cejas negras, hace una pausa y mira con una sonrisa inquietante a los periodistas.

—Primero, le mocharon una oreja. Luego, la otra. Luego, las manos, los brazos, las piernas… Así, hasta que lo dejaron sin extremidades. En el puro tronco.

Con los ojos negros muy abiertos, Erick relata sin señal de dolor o de expresión alguna cómo la mafia mató brutalmente a su hermano Carlos, uno de los más de 480 mil niñas, niños, adolescentes y jóvenes de hasta 29 años que Animal Político ha documentado que han sido víctimas de la violencia tan solo en los últimos seis años, bien como víctimas directas de homicidio o desaparición, o bien, como posibles responsables de delitos vinculados al crimen organizado.

En el caso de Carlos, él fue víctima y victimario, cuenta Erick sin borrar de su rostro la sonrisa desquiciada de quien lleva toda su vida consumiendo heroína, la droga a la que está “prendido” desde que su madre —de la que dice que fue “un pinche alivio” que se muriera con el hígado destrozado por la cirrosis— le daba una jeringa a los 13 años “para que no estuviera chingado”, cuando llegaban los clientes a la casa en busca de sexo. Años antes, desde los ocho, ya estaba enganchado a los carrujos de mariguana, y poco después llegó el cristal.

Ahora, el joven está en un cuarto blanco sin mayores detalles en un centro de adicciones donde trabaja a prueba para una organización civil tras mantenerse un mes en abstinencia. Su experiencia sobreviviendo en las calles de Ciudad Juárez, el municipio más violento de todo México para la juventud mexicana con 562 asesinatos tan solo en 2021, según datos del Inegi, lo hace un elemento de gran importancia para la ONG: quieren que él sea uno de los “enlaces” con otros jóvenes que viven en la calle para ofrecerles ayuda.

La primera vez que consumió heroína, se arranca de nuevo Erick, fue para soportar “las cosas aberrantes” que su madre le hizo ver.

—Era lo único que me hacía desenfocarme de la realidad.

El problema, contrapone, es que pronto la misma sustancia que lo evadía le hizo entrar en un bucle de autodestrucción: con 14 años, con su madre ya muerta y con una fuerte dependencia a la heroína, se fue a la casa de una tía, que pronto lo corrió dejándolo en la calle. Ahí comenzó a vivir en una tapia, lugares en zonas marginadas donde se drogaba rodeado de basura y ratas, hasta que un día se encontró por la ciudad a su hermano Carlos, que le comentó que su “dealer” les quería ofrecer “un jale” para La Línea de Juárez, el cártel.

La “chamba” era sencilla, explica Erick: tenían que llevar paquetes de un lado para otro de la ciudad y vender al menos siete bolsitas de heroína diarias, a 100 pesos cada una. De ahí, Carlos se quedaba con una parte de las ganancias y Erick cobraba “en especie” para asegurarse la dosis.

Ambos se habían convertido en vendedores de droga al por menor, una de las modalidades de los delitos contra la salud —comercio, suministro o posesión— por la que hasta 35 mil 654 jóvenes de entre 19 y 25 años fueron detenidos en los cuatro primeros años de gobierno de López Obrador, hasta un 85% más que en los cuatro primeros de Peña Nieto, según datos ofrecidos por 27 fiscalías estatales a solicitudes de transparencia. Aunque hay que matizar que no todos los delitos contra la salud, especialmente los de posesión simple, están relacionados con el crimen organizado.

Rápidamente, los “jales” comenzaron a acumularse, al tiempo que la exigencia del cártel también aumentó. Ahora, además de mover y vender droga, tenían que vigilar que en la “plaza” nadie de Los Aztecas o de Los Mexicles vendiera cristal, sustancia prohibida por el cártel, que solo permite la venta de “su” heroína y cocaína en la ciudad y el Valle de Juárez —“Aquí ni menciones que buscas cristal porque los morros te dan una tunda shida”, advierte Erick—. Además, tenían que eliminar a quienes no pagaran las deudas y “halconear” los movimientos de policías, soldados y posibles contras de otros cárteles, como el de Sinaloa.

Pronto, Carlos “escaló” a sicario, a “soldado del cártel”. Y Erick se convirtió en su “halcón”; en un implacable localizador de personas a las que había que “darles pa´ bajo”, además de llevar la mochila con las bolsas de heroína, junto con la pistola 9 mm con la que su hermano “se llevó a varios por delante”.

—Todo el día íbamos drogados —recuerda el joven con expresión inerte—. Necesitábamos la droga, porque con ella no sientes tristeza ni miedo. Todo te vale gorro. Matas a quien sea.

A continuación, hace una pausa. Los dedos de las manos y los músculos de su rostro se mueven y tiemblan en involuntarias contracciones. Son las 10:00 de la mañana. A esta hora ya debería haberse inyectado la primera dosis, “la cura” para evitar “la malilla” del síndrome de abstinencia.

—Para andar por el centro de la ciudad con una pistola en la mochila y dos onzas aquí —se lleva la mano al bolsillo del pantalón—, necesitas estar drogado. Y, sobre todo, necesitas la droga para que se te quite el pinche miedo cabrón a que te agarre la mafia contraria. A mí eso era lo que más me aterraba.

Sin embargo, quienes los agarraron, paradójicamente, no fueron los contras, sino los “halcones” del cártel. Aunque Erick dice que ya lo veía venir. Sabía que su hermano se “estaba pasando de verga” y que pronto llegaría la factura.

—Mi carnal traicionó gasho poniendo a gentes para que los mataran, e hizo muchas chingaderas, como vender cristal para los contras, para Los Aztecas. Y pues, la mafia de todo se da cuenta y nada perdona. Los que llegaron a descuartizar a mi hermano eran puros morros. Sicarios de 17 años, 16, 15…

Tras un paso fugaz por prisión por venta de droga al por menor, Erick ya está fuera del cártel. Pero de lo que no ha logrado “zafarse” aún es de la heroína.

—Siempre caigo una y otra vez —lamenta, para acto seguido encoger los hombros y asegurar que lo sigue intentando, aunque sin hacerse ilusiones: salir de la adicción es difícil. Y más aún recuperarse de todas las “aberraciones” de las que fue víctima, y de las que también hizo con apenas 25 años.

—No sé cómo voy a superar esto sin la heroína —balbucea ahora con la mirada clavada en la mesa—. He hecho tantas cosas malas, he caído tan bajo por la droga, que ya nada me duele. Ya no siento nada —dice el joven, cuya sonrisa quebrada se ha difuminado de su rostro.

Asesinatos de jóvenes aumentan 72%

Para acabar con historias como la de los hermanos Erick y Carlos, el gobierno del presidente López Obrador ha gastado más de 90 mil millones de pesos en becas del programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Y para este 2023 todavía prevé una inversión de otros 23 mil millones.

Este programa, que al primer semestre de este año ha beneficiado a casi 284 mil jóvenes y a un acumulado de 2 millones 600 mil en cuatro años, consiste en la entrega de 6 mil 300 pesos mensuales a jóvenes de entre 18 y 29 años, más la posibilidad de aprender un oficio. El objetivo es que con esta beca, uno de los programas insignia de la administración lopezobradorista y el primero que lanza un gobierno mexicano destinado exclusivamente a jóvenes, “se ataque la raíz del problema” y que quienes ni estudian ni trabajan tengan acceso a un oficio, y así ya no sean reclutados como “cantera” del narco.

—Ahora ya se atienden las causas estructurales de la violencia. Gracias a los programas sociales, los jóvenes ya no son reclutados por el narco —aseguró tajante Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en un evento público en enero pasado.

Más recientemente, el pasado 30 de mayo, durante su habitual conferencia mañanera, el presidente López Obrador aseguró en el marco de la presentación de resultados del programa Jóvenes Construyendo el Futuro que cada vez son menos los jóvenes que se detienen por delitos.

—No hemos hecho últimamente un análisis sobre las detenciones en general y el porcentaje de jóvenes que se detienen, pero estoy seguro, es hipotético, porque tenemos que revisarlo, de que ya cada vez son menos los jóvenes que se detienen en actividades delictivas. Lo digo porque todos los días estamos recibiendo estos informes y estamos viendo que cada vez son menos jóvenes —dijo el mandatario, que agregó que las becas están ayudando “a que los delincuentes ya no se lleven a los jóvenes”.

Sin embargo, los testimonios recabados de jóvenes como Erick y de autoridades policiacas que trabajan a pie de calle, así como las cifras documentadas para esta investigación, muestran un panorama muy distinto al del discurso oficial.

Por ejemplo, los datos del Inegi revelan que en los tres primeros años del sexenio actual se contabilizaron casi 40 mil asesinatos de jóvenes, hasta un 72% más que en el primer trienio de Peña Nieto. Y, aunque es cierto que en 2021 se produjo una reducción del 7% en comparación con el año previo, esto podría explicarse porque 2019 y 2020 fueron los dos años con más asesinatos de jóvenes en la historia de México, en términos totales, con casi 27 mil muertos.

Nota: Animal Político

 
 
 

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