LOS EFECTOS ECONOMICOS DEL SALVADOR POR LA GUERRA CONTRA PANDILLAS

Moisés Bazán acaba de aterrizar en el aeropuerto de San Salvador, procedente de la ciudad californiana, y está pletórico.
Faltan tres días para las elecciones en las que Nayib Bukele saldrá reelecto, y este hombre con gorra y barba que tuvo que dejar su oriunda Quezaltepeque por la guerra y huir a los 10 años solo al país del norte no tiene reparo en dejar claro a quién llegó a apoyar y por qué.
“Antes se decía que el voto era secreto, pero yo le voy a mi presidente”, dice señalando la camiseta negra con la foto de su candidato y la bandera cian del partido oficialista Nuevas Ideas que porta y tras la que posa para la foto.
“Lo hago porque hace seis años este era literalmente el país más peligroso, al que uno solo podía volver por pura necesidad o deportado, y ahora ya se puede venir sin miedo y además hacer negocios”, explica, alabando la “guerra contra las pandillas” que hizo que El Salvador registre hoy su índice más bajo de homicidios de las últimas tres décadas y que impulsó a Bukele a un segundo mandato.
A falta de que los grandes grupos empresariales y cadenas hoteleras pongan el ojo y el dinero en el país centroamericano, esa es la inversión turística que por el momento está respondiendo a la tan publicitada mejora en materia de seguridad.
A ello hay que sumar una brecha social cada vez más amplia que para la mayoría de los salvadoreños se hace sostenible por el autoempleo informal.




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