ESTA MAS QUE COMPROBADO QUE LA ECONOMÍA MEXICANA SE ESTÁ FRENANDO

Con los datos del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) que dio a conocer ayer el INEGI, así como los del Indicador Oportuno de Actividad Económica (IOAE) de la semana pasada, podemos estimar que el ritmo de la economía en el segundo trimestre del año fue de alrededor de 1.1 por ciento a tasa anual.
En los primeros tres meses, el PIB había crecido a un ritmo de 1.9 por ciento. Por ello, la cifra del primer semestre en conjunto podría estimarse en algo así como 1.5 por ciento.
Aunque la encuesta entre especialistas que realiza Banxico registró aún un estimado de 2.0 por ciento de crecimiento para este año, es casi seguro que se revisará cuando se actualice en los primeros días de agosto.
Para alcanzar el 2 por ciento, sería necesario que la economía creciera a una tasa de 2.5 por ciento en el segundo semestre.
La mayoría de las previsiones indicaban que en la segunda mitad del año, sería menos dinámica que la primera, como suele ocurrir en los años electorales y al comienzo de los sexenios.
Las estimaciones para el año completo probablemente empezarán a bajar, llegando quizás a un 1.5 por ciento en promedio en los próximos meses.
Con los datos del indicador oportuno para el mes de junio, podemos estimar que en el segundo trimestre, la industria en su conjunto apenas habría crecido en 0.4 por ciento.
Lo que ha salvado a la economía mexicana y le permite mantenerse con cifras positivas es el comportamiento del mercado interno, reflejado sobre todo en el desempeño de los servicios y el comercio.
La estimación del segundo trimestre para este segmento, según el indicador oportuno del INEGI, es un crecimiento de 1.6 por ciento, que, aunque más bajo que en trimestres anteriores, es cuatro veces superior al ritmo de la actividad industrial.
Aunque la actividad manufacturera en Estados Unidos tuvo en junio un desempeño mejor al previsto, con un crecimiento anual de 1.13 por ciento, el promedio del segundo trimestre fue de 0.08 por ciento, es decir, un virtual estancamiento.
Por otro lado, el empuje del proceso electoral al mercado interno, con los gastos que supone, fue menor al esperado.
De esta manera, el sector de los servicios y el comercio no tuvo el impulso suficiente para impedir una desaceleración global en la economía mexicana.
La confianza en las políticas económicas y la estabilidad en la inversión son cruciales para mantener un crecimiento sostenido y saludable el próximo sexenio.




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