COMER FUERA DE CASA SE LLEVA HASTA 30% DEL INGRESO DIARIO DE ALGUNOS TRABAJADORES

Comprar un café, una torta, unos tacos o una comida corrida durante la jornada laboral puede representar una parte importante del presupuesto de los trabajadores mexicanos. Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México, citado por El Economista, advierte que el gasto en alimentos preparados fuera de casa puede llegar a representar hasta el 30 por ciento del ingreso diario. Los desembolsos habituales se ubican entre 150 y 200 pesos al día, dependiendo de los hábitos de consumo y de las opciones disponibles cerca del lugar de trabajo.
La dimensión del problema se aprecia al compararlo con el salario mínimo general de 2026, fijado en 315.04 pesos diarios, sin contar la zona libre de la frontera norte, donde el monto es mayor. Para una persona que percibe el salario mínimo general, gastar entre 150 y 200 pesos en alimentos durante el día puede consumir más de la mitad de ese ingreso, antes de cubrir transporte, vivienda, servicios y otras necesidades básicas.
La investigación, titulada Prestaciones alimentarias: Una forma de mejorar la vida, retoma información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares. Según los datos citados, en 2024 las familias mexicanas destinaron en promedio 3 mil 896 pesos trimestrales a alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, equivalentes a cerca de mil 299 pesos mensuales.
El gasto no depende únicamente de las preferencias personales. En zonas industriales y de oficinas, algunos empleados tienen pocas posibilidades de preparar, refrigerar o calentar sus alimentos, por lo que recurren a puestos callejeros, fondas, tiendas y establecimientos cercanos. El costo acumulado puede convertirse en una presión considerable, especialmente para quienes perciben ingresos bajos o deben comprar comida fuera de casa varios días a la semana.
El estudio también advierte que el problema tiene una dimensión de salud. Cuando el presupuesto es limitado y las opciones disponibles son principalmente alimentos de rápida preparación, bebidas azucaradas o productos con bajo valor nutricional, puede resultar más difícil mantener una alimentación equilibrada. Esto puede afectar el bienestar de las personas y, a largo plazo, repercutir en su salud y productividad.
Ante este escenario, especialistas plantean que las prestaciones alimentarias pueden funcionar como una herramienta de apoyo al ingreso. Entre las alternativas están los comedores laborales, los vales de comida y los apoyos para adquirir alimentos. La Ley Federal del Trabajo no establece una obligación general para que todos los empleadores del sector privado proporcionen comedor a su personal, por lo que ampliar estas prestaciones requiere acuerdos y decisiones de cada organización, dentro del marco legal aplicable.
El debate abre una pregunta sobre el salario real que queda disponible después de cubrir los gastos indispensables para trabajar. Si una parte considerable del ingreso diario se destina a comer durante la jornada, las políticas de apoyo alimentario pueden ayudar a reducir esa presión, siempre que los beneficios sean accesibles para quienes más los necesitan y que las opciones promuevan una alimentación adecuada.




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