ARRANCA EL DÍA 1 DE TRUMP CON ELIMINACIÓN DEL PROGRAMA DE REFUGIADOS DEJA A MIGRANTES

El venezolano Erick, de 30 años, fue de los primeros en llegar a las 7 de la mañana del lunes 20 de enero al puesto fronterizo de ‘El Chaparral’, en Tijuana. Ahí, protegido del intenso frío de la frontera con una chamarra negra gruesa, el sudamericano decía a los medios que llegaron al lugar en busca de historias de los primeros migrantes mexicanos deportados durante las primeras horas del nuevo gobierno de Trump, que estaba “muy feliz”.
“Por fin, llegamos al final del camino”, decía sonriente y mostrando una hilera perfecta de dientes blancos. El segundo mandato del republicano Donald Trump comenzó con lo que había prometido en campaña: una política más dura en contra de los migrantes, que se materializó con la cancelación de las citas aprobadas para este 20 de enero y una serie de decretos para considerar “la situación actual en la frontera sur como una invasión”. Luego de que Trump anunciara en su discurso de investidura que declararía la situación de emergencia en la frontera sur estadounidense para atender “la crisis migratoria” y enviaría soldados a la frontera para frenar “la invasión” a su país, los peores rumores se confirmaron.
A los celulares de los migrantes comenzaron a llegar correos electrónicos advirtiendo que sus citas, o se habían pospuesto hasta el 9 de febrero, o de plano habían sido canceladas, mientras que la Patrulla Fronteriza publicó un muy escueto comunicado anunciando que, en efecto, la aplicación CBP One ya no estaba “disponible”, y lo peor, que las citas habían sido “canceladas”. Esa fue la única versión oficial que se les dio a conocer. Nadie más dio una explicación.
La historia se repitió en otras ciudades fronterizas como Ciudad Juárez y Piedras Negras. A media mañana, las historias de los solicitantes de asilo se vieron interrumpidas por los primeros mexicanos deportados durante la ‘segunda era de Donald Trump’.
El primero en salir por esta garita de El Chaparral fue un poblano de mediana edad. Salió caminando con una mochila, silencioso y con el gesto hosco. No quiso hablar. Como tampoco la gran mayoría de los 30 mexicanos expulsados por este punto durante el lunes, entre ellos una familia completa con todo y niños.
A las 13 horas, cuando los solicitantes de asilo tenían programada su cita, el ambiente se tornó aún más incierto. Nadie, ninguna autoridad, llegaba a darles una explicación a los migrantes, que buscaban en los periodistas información que les diera algo de certeza que transmitir a los familiares con los que hablaban por videollamada.
Así, hasta que a las 14.40 apareció por la garita José Luis Pérez Canchola, el director de atención al migrante del municipio de Tijuana, que iba a reunirse con el delegado federal del INM.
De inmediato, los medios y los migrantes se arremolinaron en torno al funcionario municipal, que se limitó a decir lo evidente: que ni el gobierno de Tijuana, ni el de Baja California, ni siquiera el de México, tienen responsabilidad alguna en las decisiones del ejecutivo de Donald Trump, y que ellos no tienen información sobre el futuro de la app CBP One, ni del programa de refugio. Los migrantes, aunque renuentes en un inicio de abandonar el lugar y la fila, accedieron en su mayoría a la propuesta una vez que comenzó a caer la gélida noche sobre Tijuana.
Cargando de nuevo maletas, mochilas, y cuidando de bebés, niños y niñas, los solicitantes de asilo fueron abandonando lentamente la garita después de horas de espera. Todos ser marcharon con la incertidumbre y la profunda tristeza de no haber cumplido su sueño de cruzar a Estados Unidos, en el primer día de gobierno de Donald Trump.




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